La segunda vuelta presidencial enfrenta a dos candidatos en un escenario de fragmentación política, desconfianza ciudadana y tensión institucional. Expertos coinciden en que, gane quien gane, el próximo gobierno tendrá serios problemas para sostener la estabilidad.

A poco más de una semana de la última disputa por el sillón presidencial, surge una duda de fondo sobre el día después de la elección: si el próximo presidente podrá realmente gobernar o si el país seguirá atrapado en la crisis política. Roberto Sánchez y Keiko Fujimori llegan a la segunda vuelta con menos de un tercio de los votos válidos, en un contexto marcado por el desprestigio del Congreso, la polarización y la fragilidad de los partidos. Especialistas dialogan al respecto y llegan a la conclusión de que pase lo que pase, la crisis de ingobernabilidad continuará.
Baja legitimidad de origen
La politóloga Marcela Barragán, especialista en riesgo político, advierte que la debilidad de origen del próximo gobierno será uno de los principales problemas. Sostiene que el bajo respaldo electoral no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia que también afecta al Parlamento y a otras autoridades electas en los últimos años. “Va a seguir el desprestigio de las instituciones, tanto presidencial como del Congreso, ¿no? Estos presidentes siempre tienen aprobaciones presidenciales súper bajas. Sin importar quién gane, va a estar bajo y siempre va a seguir la tendencia a disminuir la aprobación presidencial”, señala.
Su diagnóstico coincide con el informe del Semáforo Democrático llevado a cabo por la Asociación Transparencia, que ubica en zona de alerta la fragmentación del sistema político, la desconfianza hacia las instituciones y los ataques constantes al sistema electoral. Acorde al reporte, estos factores elevan el riesgo de crisis luego de las elecciones y dificultan la estabilidad de un próximo gobierno.

Dos candidatos, dos riesgos
Para Barragán, la candidatura de Keiko condensa un riesgo asociado a la concentración de poder. Explica que hay una parte del electorado que la percibe como una opción estable por su mayoría en el Congreso, lo que reduce la probabilidad de que sea vacada. Sin embargo, es esa misma fortaleza la que se vuelve riesgosa, pues convertirla en blindaje es mucho más sencillo.
En cambio, el riesgo que encarna Roberto Sánchez está en la fragilidad de su potencial gobierno. La especialista lo resume con perspicacia: “Muchos predicen que si sale Sánchez no sería si se va a quedar o no, sino en qué momento se va”. Según su lectura, un eventual gobierno suyo enfrentaría desde el inicio presiones de un Congreso hostil y dudas sobre su capacidad para sostener alianzas firmes.
¿Qué dicen otros especialistas?
El análisis Perú en las urnas, publicado por una consultora global de asuntos públicos (LLYC) tras la primera vuelta, advierte que el dilema no radica en quién gana, sino en si las condiciones mínimas para sostener un gobierno democrático podrán ser cumplidas. El informe subraya que ahora con el Congreso Bicameral, la gobernabilidad dependerá con mayor énfasis de la correlación de fuerzas y de la capacidad del próximo gobierno para construir mayorías en ambas cámaras. El aclamado periodista, Gustavo Gorriti, analiza los resultados preliminares del Congreso en sus redes sociales y opina que Keiko se va a quedar los cinco años en el poder, con la posibilidad de que sean más, mientras que Sánchez, al ser estructuralmente débil, va a ser vacado con facilidad.
¿Qué nos espera?
La segunda vuelta no enfrenta solo a dos candidatos, sino a dos formas completamente distintas de riesgo político. Mientras una presidencia de Keiko despierta temores de acumulación de poder, un gobierno de Sánchez aparece envuelto en dudas sobre su capacidad para sostenerse. Con instituciones debilitadas, partidos fragmentados y una ciudadanía desconfiada, todo indica que el siguiente presidente gobernará desde una posición frágil, bajo la mirada atenta de la población y con el Congreso como principal campo de tensión política.

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